El coche · Tecnología
Seis decisiones de ingeniería, tomadas una a una durante años de experimentación, son las que permiten que el Navarro pese 65 kg sin renunciar a la seguridad ni a la comodidad del trayecto.
El bastidor está formado por dos largueros de acero inoxidable de una sola pieza, unidos entre sí por chapas de aluminio laminado y ensamblados con tornillos allen de acero inoxidable, todos de la misma medida en todo el coche. Esto permite montarlo y desmontarlo por completo con una sola herramienta, en pocos minutos, para transportarlo en furgoneta o en un van ecuestre.
Las tuercas son autoblocantes, lo que evita que la tornillería se afloje con la vibración del terreno irregular propio de las rutas de montaña.
Las ballestas del Navarro están hechas de fibras de Kevlar inmersas en una matriz de poliéster, el mismo tipo de material compuesto que se emplea en aplicaciones aeroespaciales por su relación entre resistencia y peso.
Este material supera en límite elástico al acero, con una densidad cinco veces menor. En la práctica: la misma capacidad de absorber el peso de los pasajeros y los baches del camino, con una fracción del peso que tendría una ballesta de acero equivalente.
Cada asiento cuenta con su propia regulación de suspensión, independiente del resto. Esto permite ajustar la comodidad según el peso de cada ocupante, en lugar de aplicar un único ajuste medio para todos los pasajeros, como ocurre en los carruajes tradicionales.
El eje es de tubo de acero al cromo-molibdeno, un material habitual en estructuras donde se busca máxima resistencia con mínimo peso, como los chasis de competición.
Las ruedas del Navarro provienen de motos de trial del Campeonato del Mundo. Están diseñadas para absorber impactos fuertes y deformarse sin alterarse, una propiedad que en terreno de montaña —piedra suelta, raíces, desniveles— resulta decisiva frente a una rueda de madera o de radios metálicos rígidos.
Un tubo protege cada rueda de golpes contra troncos o rocas y evita que queden trabadas, al mismo tiempo que impide que penetren ramas entre la rueda y la ballesta.
El centro de gravedad del Navarro está situado en la vertical del eje. Esto le da un comportamiento neutro a las varas: el carruaje no carga peso adicional sobre el caballo, ni cuando está parado ni durante la marcha, incluso al cambiar el número de pasajeros.
Es la decisión de diseño con mayor impacto directo en el esfuerzo del animal. Ver el argumento de bienestar completo.
Ninguna de las decisiones anteriores existe de forma aislada: el chasis, el Kevlar, las ruedas de trial y el centro de gravedad se diseñaron juntos para llegar a un único resultado, 65 kg en vacío, frente a los 220–400 kg habituales en un carruaje de un eje convencional.
Esa diferencia de peso es la que permite que un caballo de tamaño medio complete travesías de montaña, rutas de arena o senderismo de largo recorrido sin la sobrecarga propia de los carruajes tradicionales.
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