Bienestar del caballo
Antes de diseñar un solo tornillo del Navarro, hubo una pregunta: ¿qué carga puede arrastrar un caballo de tamaño medio en una travesía de montaña sin que el esfuerzo se le note al final del día? Todo el diseño nace de responder a esa pregunta, no al revés.
Cuando un caballo arrastra un carruaje, parte de su esfuerzo se dedica a mover la propia estructura del carruaje, antes incluso de mover a los pasajeros. Un carruaje de 300 kg le exige un trabajo de base mucho mayor que uno de 65 kg, incluso antes de subir a nadie. Reducir la masa estructural en una cuarta parte no es un capricho de diseño: es la variable que determina cuánta distancia, con cuánta pendiente, puede recorrer ese caballo sin fatiga acumulada.
La Plataforma de la Unión Europea sobre bienestar animal, en su guía de buenas prácticas para el uso de caballos, dedica un apartado específico a los caballos de tiro. Sobre el peso que un caballo puede arrastrar, la guía señala dos factores: que ese límite depende del terreno y la condición del caballo, y que el carro debe estar bien equilibrado para no añadir esfuerzo innecesario al animal.
Estos son exactamente los dos ejes sobre los que se diseñó el Navarro: un peso reducido para ampliar el terreno accesible, y un centro de gravedad situado sobre la vertical del eje para que el carruaje tenga un comportamiento neutro a las varas en todo momento, cargado o vacío.
Consultar la guía completa (Plataforma UE sobre bienestar animal, distribuida por AVEE)
Cuando el centro de gravedad de un carruaje no está alineado con el eje, parte del peso se transmite hacia abajo o hacia arriba a través de las varas, directamente sobre el lomo del caballo. Esto ocurre incluso con carruajes que no son especialmente pesados, y se nota más cuanto más larga es la jornada.
El Navarro sitúa su centro de gravedad sobre la vertical del eje, de forma que el peso del carruaje se queda en el carruaje, no se transfiere al caballo, ni en parado ni en marcha, ni con uno ni con dos pasajeros.
La misma guía europea reconoce que el contexto importa: no es lo mismo un caballo de tiro trabajando jornadas largas para terceros que un caballo arrastrando, en una travesía puntual, a su propio dueño y conocedor.
El Navarro se diseñó para el segundo caso. No es un carruaje pensado para rondas turísticas ni para uso intensivo por cuenta de terceros: es un carruaje de aventura personal, pensado para que el propietario de un caballo —que conoce su condición, su carácter y sus límites— pueda llevarlo a terrenos antes inaccesibles, con la misma exigencia de cuidado que pondría en cualquier otra actividad con su caballo.
Ver la comparativa completa frente a un carruaje tradicional
¿Quieres ver este diseño puesto a prueba en terreno real? Lee las travesías hechas con el Navarro. Si ya tienes claro lo que necesita tu caballo, solicita tu presupuesto.